Hay bandas que nacen de un aviso en una disquería y bandas que nacen en la cancha, en el colegio, en el barrio. Shaila es de las segundas. Joaquín Guillén pasó por el estudio Norberto "Pappo" Napolitano para charlar con Marcelo "Torabe" Martínez y la conversación arrancó, como suele pasar con las historias más interesantes, por el principio: Flores, Caballito, Primera Junta, y un cassette grabado en cinta abierta de cuatro canales por Gabriel Ruiz Díaz. "Allá en la sala de Yerval, donde también grabaron el primer disco de Catupecu", recordó Joaquín.
El vínculo con Catupecu no fue de casualidad. Un pibe del colegio los presentó, y así Shaila, con apenas cuatro temas grabados y la tapa hecha a mano, empezó a moverse por los mismos circuitos. Desde ese cassette hasta hoy, la banda acumula 32 años, seis discos y giras por todo Argentina y Latinoamérica, todo autogestivo, todo a pulmón, desde su propio sello hasta su complejo de salas de ensayo.
Ese proyecto tan ambicioso como exigente tuvo su costo: alrededor de 2015, Shaila frenó. Siete u ocho años de pausa que Joaquín explica sin dramatismo: familia, trabajo, desgaste, los límites que te impone la misma lógica que te pusiste. "Nos mordimos la cola", resumió. Pero los amigos de toda la vida —todos conocidos desde los nueve años— nunca dejaron de verse, y fueron ellos los que empezaron a insistir. Una guitarra en una comida, un tema tocado de memoria, y de a poco la conversación derivó en un regreso. El primer show fue en Groove. Según Joaquín, él esperaba tocar en un centro cultural; según su compañero Yasser, había que pensar en grande. Se agotó en un día.
El regreso también trajo un hito pendiente: tocar en Obras. "Para unos pibes que tenían una banda en los 90, tocar ahí era lo máximo", dijo Guillén, y recordó haber ido de chico a ver a los Ramones y a Ataque 77 en ese mismo escenario. Más reciente aún fue la fecha del 22 de abril en el Malvinas, donde abrieron para Bad Religion, la banda favorita de Joaquín desde que los vio por primera vez en el 93. "Viví el set con bastante presión, no quería desentonar. Después me solté y lo pude disfrutar desde el costado con 20 cuarentones prendidos fuego", contó entre risas.
Este viernes 5 de junio, Shaila cierra en La Trastienda el ciclo de shows en homenaje a Mañanas, su disco de 2004, tocándolo entero y en orden, de principio a fin. Pero la mirada está puesta más adelante: las baterías del disco nuevo se graban a fin de julio, y antes de que termine el año habrá álbum. "La realidad te invita a seguir haciendo canciones porque hay un montón de cosas que no cambiaron, y muchas que están peores", cerró Joaquín. Material, sobra.







