El músico porteño presentó su segundo álbum de estudio, un trabajo que se mueve entre el hip hop, el metal, el rock y el jazz.
A lo largo de sus diez canciones, el álbum cambia de clima y de lenguaje con naturalidad. Hay momentos más ligados al rap, otros que se acercan al metal y al rock, y también pasajes con guiños al jazz. Esa búsqueda ya se había empezado a ver en adelantos como “Siempre High”, “Lucidez”, “Prendido Fuego” y “Viejo Desastre”, y termina de tomar forma en un disco que funciona como una especie de recorrido por distintas etapas y universos sonoros.
Aunque sus primeras influencias estuvieron marcadas por nombres del rap como Tupac Shakur, Snoop Dogg y Eminem, Aukan viene construyendo un proyecto cada vez más difícil de encasillar. Desde su debut en 2020 fue incorporando elementos del rock, el funk y otros géneros hasta encontrar una identidad propia que se apoya más en la mezcla que en las etiquetas.
Umbral aparece así como un nuevo paso para un artista que todavía no está en el radar masivo, pero que empieza a mostrar una personalidad definida: usar el rap como punto de partida para llevar las canciones hacia lugares inesperados.







