La noticia llegó sin aviso, como todas las que duelen de verdad. A minutos de comenzar Nadie Nos Para, los primeros mensajes empezaron a circular. Policías de la zona confirmaban lo que nadie quería creer. Los canales de noticias lo lanzaban como título principal. Y Beto Casella, con la voz firme pero el estómago revuelto, tuvo que decirlo al aire: "falleció el Indio Solari".
Tenía 77 años. Padecía Parkinson desde hacía un largo tiempo. Según los primeros datos, en la madrugada se había dado un chapuzón en la pileta de su casa en Parque Leloir, y luego se descompensó.
"Lo conocí cuando éramos 80 en el teatro Luz y Fuerza"
Eduardo de la Puente fue el primero en poner carne a la historia. Él conoció a los Redondos de verdad, cuando eran un secreto compartido entre poquitos.
“La primera vez que los fui a ver éramos 80 personas. Después los vi en La esquina del Sol, cuando íbamos 120 porque no entraban más. Skay era muy abierto. El Indio, siempre un poco más reservado, más distante. Pero los vi de chiquito yo, y de chicos ellos. Los vi crecer hasta los no sé cuántos miles en River".
Esa progresión —de 80 personas a estadios desbordados— no fue producto del marketing ni de una discográfica. Fue pura gestión propia, independiente. "Fueron de los primeros músicos autogestionados del rock argentino", recordó De La Puente. "No querían transar con ninguna multinacional. El día que tuvieron la guita para financiar un disco, recién ahí lo hicieron."
El poeta que le llegó a todos
Durante toda la mañana, Beto Casella intentó explicar el fenómeno. Y volvía siempre al mismo punto: la paradoja.
"Un arte refinadísimo, musical y letrísticamente, consumido por el público más popular. No era una banda cheta ni para un público más selecto. Y sin embargo, ese arte llegaba a las cabezas sensibles, tengas el origen que tengas."
Las letras del Indio eran encriptadas, libres de interpretación. "El gran secreto de los Redondos era que cada uno creía que le estaban hablando a él", analizó Casella. Una misma canción te atraviesa de una forma a los 15, de otra a los 35, de otra a los 50. Eso no lo logra cualquiera. Eso no lo logró casi nadie.
Lito Vitale: "Siempre fue un lujo impensado"
Lito Vitale, quien produjo artísticamente el primer disco de los Redondos (Gulp!) y tocó teclados en varios de sus álbumes, se sumó al programa conmovido.
"Me cayó como una medalla del cielo poder estar cerca de ellos. Jamás fue un trabajo profesional. Siempre fue un trabajo de complicidad humana y artística.
Los oyentes tomaron el aire
El WhatsApp colapsó. El chat de YouTube también. Los teléfonos no paraban. Y cada mensaje era un mundo.
Un chico de 33 años que no podía hablar y borró diez mensajes antes de poder mandar uno. Un taxista parado en el medio de la calle, incapaz de arrancar. Un oyente desde México describió la noticia como "una bomba atómica". Una pareja que se conoció en un recital del Indio y hoy tiene un hijo de tres años. Un motoquero en la puerta de la casa de Parque Leloir, llorando en silencio.
Beto Casella lo dijo mejor que nadie: "Siéntanse libres de llorarlo como a alguien muy cercano. Porque por ahí fue la persona con la que más te pudiste comunicar en tu vida. No es de tu familia, pero es un poco tu familia también."
El spot institucional de R&P
Cerca del mediodía, la radio emitió un spot preparado por el equipo de producción.
"Hoy despedimos a un referente, un transformador cultural, un ídolo absoluto en épocas bravas para encontrar el camino. El Indio Solari no fue un cantante, fue un movimiento. Con los Redonditos de Ricota convirtió cada recital en un ritual donde miles de almas encontraban libertad, rabia y poesía. Sus letras eran enigmas. El Indio hablaba en código, pero todos lo entendían. El Indio fue la voz de los que no tenían voz. El espejo de una Argentina herida y roquera. El grito de una generación que nunca se resignó. Mientras en algún parlante suene el pogo más grande del mundo, el Indio estará siempre presente. Hasta siempre, Indio Solari. Gracias por el rock."
A las pocas horas de confirmada la noticia, Rock & Pop tomó una decisión editorial sencilla y contundente: el resto del día sería de él. Música del Indio, testimonios de oyentes, su voz, sus letras, su obra.
"No lo estamos llorando. Lo estamos honrando.", dijo Casella.
5 de junio de 2026. "El día que muere el Indio y nace definitivamente la leyenda", cerró alguien al aire. Tenía razón. El pogo más grande del mundo se aquietó y miró al cielo. Hasta siempre, Indio. Una parte de nosotros se va con vos.








