Hubo un tiempo en que Árbol anunciaba sus recitales y aparecían señoras buscando plantas gratis. También hubo cassettes grabados en casa, instrumentos prestados, demos filtrados y encuentros con músicos que terminaron marcando su historia. Pablo Romero y Sebastián Bianchini pasaron por Backstage Rock & Pop y, junto a Cari Tokman, abrieron un baúl lleno de recuerdos.
Entre fotos, objetos y grabaciones, los músicos reconstruyeron algunos capítulos de los más de 30 años de una banda que nació en Haedo y nunca se preocupó demasiado por encajar en un género.
Árbol gratis: cuando las vecinas buscaban plantas
La historia arranca en el Mocambo, un local de Haedo donde Árbol organizaba recitales a las siete de la tarde, algo poco habitual para las bandas de rock de los años 90.
Para promocionarlos, empapelaron el barrio con carteles que anunciaban “Árbol gratis”. Lo que no imaginaron fue que empezarían a llegar señoras preguntando dónde entregaban las plantas.
La confusión se repitió tanto que para uno de los siguientes shows compraron plantitas para regalar.
En aquellos primeros recitales también distribuían cassettes con sus canciones. La idea era sencilla: que el público se llevara la música a casa y volviera al siguiente show sabiendo las letras.
Cuando comenzaron a cobrar entradas, juntaron dinero para grabar Jardín Frenético, su primer disco independiente.
Y ahí apareció otra historia. Los integrantes de Los Caballeros de la Quema les prestaron sus instrumentos para la grabación, que contó con la producción de Martín Méndez.
El disco llegó a manos de Café Tacvba, que se lo hizo llegar a Gustavo Santaolalla. Ese recorrido terminaría abriéndoles las puertas del sello Surco.

León Gieco, Mercedes Sosa y Alejandro Lerner
Uno de los objetos del baúl era una grabación exclusiva del archivo de Rock & Pop con el audio del show de Árbol en el Festival Surco de 1998, en Parque Sarmiento. Aquella noche, Árbol compartió escenario con León Gieco.
Al escuchar el registro, Sebastían recordó que Gieco pasó todo el día con ellos. Pablo, que entonces tenía poco más de veinte años, aprovechó para pedirle un consejo sobre la carrera musical. La respuesta quedó grabada en su memoria: “Como artista, uno cuando sale a la calle tiene que salir con la mejor. Si no, se queda uno en la casa”, le recalcó León.
El recorrido por los recuerdos también trajo nombres inesperados. Así nos enteramos que Alejandro Lerner participó en la grabación de “El fantasma”, tocando un piano Wurlitzer, después de que Santaolalla lo invitara al estudio.
Pablo también recordó una llamada que casi deja pasar: su viejo celular Motorola mostraba un número desconocido. Después de varios intentos, atendió. Del otro lado estaba Mercedes Sosa con una invitación imposible de rechazar.
En una plaza, encontraron un disco con sus demos… ¡y lo compraron!
Entre los materiales del baúl apareció una grabación inédita de la banda. En internet circula como “No me puedo mover”, aunque su verdadero nombre es “Panza llena”.
El bajista explicó que esa canción formaba parte de una serie de demos que preparaban para Santaolalla. Grababan tantas canciones que podían enviarle varios discos para que eligiera el material.
Pero algunas de esas grabaciones comenzaron a circular sin autorización.
La situación llegó al absurdo cuando, estando de gira en Tucumán, encontraron a la venta en una plaza un disco que reunía sus propios demos, incluso antes del lanzamiento oficial de Guau!.

Una banda que sigue buscando otras formas de sonar
En la charla también hubo espacio para entender por qué Árbol continúa llegando a distintas generaciones.
Pablo Romero recordó que desde sus comienzos se permitieron mezclar hardcore y cumbia dentro de una misma canción. Esa libertad sigue presente en sus reversiones de temas de Duki y Charly García.
“Al no tener un género, generó justamente eso: tener un género propio”, reflexionó.
Después de celebrar sus 30 años de carrera, Árbol prepara la presentación de Atemporal, su disco de clásicos reversionados con cuerdas y vientos, el 17 de octubre en el Teatro Ópera.
El grupo volverá a ese escenario después de 18 años, con un repertorio de más de 24 canciones y arreglos que buscan mostrar otra cara de su música.
Antes de despedirse, Romero y Bianchini dejaron un adelanto acústico de “Pequeños sueños”, “Trenes, camiones y tractores” y “El fantasma”.







