Hay momentos en los que el rock vuelve a ser necesario. Fito Páez lo entendió así después del accidente doméstico en 2024, nueve costillas fracturadas, quirófano y meses de reposo obligado. Pero de ese parate salió algo nuevo. O mejor dicho: algo que lo devuelve a la base.
Ese primer disparo se llama "Shine". Y no viene a decorar nada. Viene a sacudir.
El tema es crudo, directo, con ese sonido que remite a las raíces más clásicas del rock. Hay algo de espíritu viejo, pero con bronca actual. Fito canta como si estuviera saliendo de un encierro —literal y simbólico— y deja frases que no buscan quedar bien, sino pegar: “Salgan a las calles, desconéctense del feed”, “¿Dónde mierda quedaron la alegría y los abrazos?”, “Tiren los teléfonos”.
No es solo un single. Es una postura.
El nuevo disco aparece como ese punto de quiebre donde todo se reordena. Después del golpe físico, hay una reconstrucción que también es artística. Y ahí Fito vuelve a lo que mejor le sale: mirar el mundo, incomodarse y escribir desde ese lugar.
El contexto no es menor. En los últimos meses, el rosarino demostró que se encuentra en un gran momento artístico: un show masivo en el Monumento a la Bandera frente a más de 300 mil personas y el arranque del “Sale el Sol Tour”, con el impacto de Novela, esa ópera rock que lanzó en 2024 y que confirmó que sigue jugando en otra liga creativa.
Ahora, con “Shine”, el foco cambia. Todo parece ir más nervio. ¿Qué esperás? Dale play.







