Por Tatiana Cusato
Declarado Huésped de Honor por la Legislatura porteña, el “Colorado” dio anoche el último concierto de Megadeth en la Argentina, país que supo conquistar su corazón allá por 1994 cuando le cantó por primera vez su propio riff al grito de “¡Megadeth! ¡Aguente Megadeth!”.
Y lo de ayer no fue muy diferente, porque la manija de las más de 30 mil personas que se acercaron al predio de Villa Martelli se hizo sentir desde temprano, con un tránsito complicado en los alrededores pero con el corazón contento por poder demostrarle una vez más a los pioneros del trash metal en qué consiste el fervor argentino.
El cielo estuvo impecable, sin nubes y con una luna casi llena sobre nuestras cabezas. Si hizo frío en el campo nadie se dio cuenta, ya que no cabía ni un alfiler y el calor humano nos abrigó a todos.
Después de la apertura de los locales de Against, los músicos de Megadeth subieron al escenario, agarraron sus instrumentos y casi no pararon de machacar durante 1 hora y media con un set de 15 canciones.
“Tipping Point” abrió el concierto al igual que abre el último disco homónimo de la banda. Después del revoleo habitual de los primeros pogos, todos volvimos a acomodarnos en el campo para disfrutar de “Hangar 18” y poder ver que sobre el escenario y a los costados de los músicos había una especie de balcones con unos suertudos fans que vieron y arengaron los primeros temas ahí nomás.
Antes de tocar “She Wolf”, Dave Mustaine emitió un sonido que pareció ser un saludo y siguió dándole a sus cuerdas sin parar con “Sweating Bullets”, para continuar la lista con el nuevo “I Don´t Care” no sin antes preguntar al público si habíamos escuchado el último álbum.
Recién acá pareció soltarse un poco más y cada tanto interactuó con la gente, le preguntó a alguien en las vallas si estaba bien porque parecía haberse estrellado y hasta se agrandó contando que Megadeth es el primer disco de la banda con 3 canciones N° 1 en los charts.
Siguieron con clasicazos: “Dead and The Fugitive Mind”, “Wake Up Dead”, “In my Darkest Hour”, “Hook in Mouth”. Todo casi sin dar respiro pero sí dando lugar para colgarse disfrutando de esos solos de guitarra; prestar atención a la increíble precisión de la batería de Dirk Verbeuren; notar cómo disfrutaba del show el bajista James LoMenzo; y la concentración de Teemu Mäntysaari.
Justo en la mitad de la lista llegó el momento más esperado: “Symphony of Destruction” y la locura fue total. Tanto, que al final del tema Mustaine mostró su agradecimiento y recorrió el escenario de punta a punta con su guitarra colgada y aplaudiendo al público mientras seguíamos cantando “¡Aguante Megadeth!”.
En “Let There Be Shred”, Vic Rattlehead hizo una breve aparición, y después de “Tornado of Souls” y “Mechanix” llegó otro de los hitos de la noche: “Ride the Lightning”, el clásico de Metallica que “El Colorado” grabó para Megadeth a modo de homenaje, pero también como una forma de reivindicar su coautoría.
Para el cierre dejaron “Peace Sells”, con la presencia de la mascota de la banda sobre el escenario, y tras una breve pausa que sirvió para delimitar el bis, terminaron de patear traseros con “Holy Wars... The Punishment Due” luciendo una viola con la bandera argentina. Besos a todos, gracias, reparto de púas y palillos de batería, y a casa.
Un concierto que con su repertorio recorrió las mejores épocas de la banda y lo que menos tuvo fue sabor a despedida. Jamás se apeló a la nostalgia empalagosa y no hubo ni una sola balada ni hit de la era de MTV. El cirujano Mustaine fue directo al hueso, a lo que vinimos.
Gracias al “Colorado” y a los suyos, nos volvimos a casa con el corazón contento y la esperanza de que esto no sea el cierre de una carrera impecable.
Ph: @tutedelacroix








