Por: Sofía Llamedo
Si hablamos de lugares místicos del rock porteño, el Teatro Flores, sin dudas, es y supo ser el hogar de grandes bandas argentinas. Por eso, llegar a tocar ahí no es cualquier cosa: es casi un bautismo, que te valida dentro del mapa del rock nacional.
Después de mucha tracción a sangre, Camionero y todo su acoplado de feria autogestiva desembarcaron en el barrio de Flores el viernes y el sábado 23 de mayo para presentar su tercer disco, Pruebas de contacto. Un material eléctrico y por momentos armonioso, producido por Dylan Lerner, el tercer Camionero.
La noche del sábado arrancó igual que el disco: con “Mala suerte, varón” pegado a “Pruebas de contacto”. Joan Manuel y Santiago habían contado que el primer tema iba a llamarse “Yerba Mate”: “la letra demoró una semana entera y frenó el disco completo”. Aun así, decidieron abrir con esa canción porque, según ellos, es la que mejor representa el sonido de la banda.
Continuaron con “Piedra blanca sobre piedra negra”, luego Joan se tomó unos segundos para saludar: “Gracias por venir. Cuiden sus celus. Si van al pogo, déjenselo a algún amigo o amiga. Que nadie se vuelva a casa sin celu, jaja”. Palabras justas, y bastante instinto de supervivencia.
“Películas anónimas”, “Esta noche” y “Cuero negro” sonaron una atrás de la otra, sin dejar respirar a nadie. Desde arriba se veía cómo el pogo se abría entre el público mientras uno se arrodillaba y apoyaba en el piso una remera de Camionero, casi como una ofrenda en medio del ritual. Después, la marea humana volvía a cerrarse, empujada por la música y la transpiración compartida, obviamente.
Tocaron exactamente 31 temas, mezclando con precisión canciones de sus primeros EPs y de los discos posteriores. Detrás de ellos una enorme tela blanca funcionó como lienzo de proyección durante toda la noche: imágenes, texturas y visuales acompañaron el recital sin robarle protagonismo a la música, pero sumándole clima a cada momento. A mitad del show volvieron a las composiciones nuevas. “Una última oferta” se llevó una gran ovación gracias a un riff muy característico: un sonido bien ricotero. Entre el público, muchos coincidían en lo mismo: “arranca muy Redondos, muy Skay, pero después muta y encuentra el sonido propio de Camionero”.
Si algo caracteriza a su público es la manija eterna que manejan, y “Amuletos” no dejó ni un cuerpo quieto ni una garganta sin cantar. Porque no existe otra forma de gritar “Nuestros amuletos de la suerte / correrán una carrera contra la muerte” que no sea dejándose la voz en el intento.
Con “Fiebre” bajaron un cambio, aunque solo por un rato. La canción arranca contenida y después se vuelve épica. Todavía flotaba en el aire cuando “Busco la paz” y “Criaturas calientes” volvieron a levantar al Teatro Flores. A partir de ahí, el show entró en una recta final demoledora: “La distancia”, “Lo hago mal, me siento bien”, “Genio del Abasto” y “Guerrero atípico”. Cuatro cachetadas, una atrás de la otra.
“Catedrales”, del nuevo disco, abrió el momento más emotivo de la noche. Un tema que tiene algo del pulso sensible de Él Mató a un Policía Motorizado, con una letra de Santiago remodelada por Joan que toca fibras muy íntimas. Es difícil escucharla sin lagrimear: suena como una carta escrita a corazón abierto. Después, “Trabajando para el capital” dejó retumbando en cada rincón el clásico cantito de “unidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode”.
La temperatura subió de golpe con “El español”. Ahí ya no quedó nadie quieto: se armó un pogo salvaje, volaron birras, remeras y hasta algún colgado por arriba de la valla, pero nadie quedó afuera de “Botón de pánico”. “Gracias por comprar las entradas. Gracias por venir y acompañar”, expresaron desde el escenario.
Finalmente "Mi esqueleto”, el tema más corto del nuevo disco, bajó la persiana de dos noches donde pasó de todo: mucho agite, sensibilidad, birras volando y un Teatro Flores que por momentos pareció quedarle chico para Camionero que no para de crecer. Mientras las luces se prendian, el público empezaba a dispersarse entre sonrisas, transpiración y una confusión hermosa , como si nadie quisiera aceptar que el recital ya había terminado.


![[Entrevista] Bahiano en Rock & Pop](/media/k2/items/cache/49351d548ce46cd6d8281b0d652169bc_S.webp?t=20260513_193416)




