Por: Sofía Llamedo.
La banda de Villa Crespo, liderada por Julián Kartun, brindó un recital en el marco de la presentación de su sexto álbum de estudio, Díscolo. Un disco que vuelve a traer esa mezcla tan propia de El Kuelgue, donde conviven rock, funk, jazz, candombe, bossa nova y ese humor absurdo que ya es parte de su identidad.
Pasadas las 21, el Movistar ya estaba repleto para dar comienzo al espectáculo. Las luces se apagaron y las dos pantallas a los costados del escenario proyectaron un sketch donde los integrantes de la banda estaban lookeados todos de cuero negro, cadenas y brillos, bien rockeros, con Kartun con una peluca negra con flequillo. En el clip festejaban la llegada de la banda "La Rata" al Arena. Un guiño fundamental para aquellos que los siguen desde sus comienzos y, principalmente, a la serie Cualca.
Tras el video, "Sinoca" abrió la noche con una puesta en escena imponente que imitaba ser un carrusel, la famosa calesita que vemos en las plazas de los barrios. Le siguieron "Epifanía" y "Haditas", de su material más reciente. Al finalizar, Kartun estrelló su guitarra contra el piso como un verdadero rockstar. La ovación del público era cada vez más fuerte y esto recién empezaba.
Todo estaba pensado para reflejar el concepto de Díscolo. Con la mirada puesta en el pasado, sus letras evocan la infancia y los juegos. El disco apuesta por lo imperfecto, lo espontáneo y lo humano: no busca que todo suene demasiado prolijo o perfecto. Eso es El Kuelgue. Y eso también se trasladó al escenario. Un claro reflejo de que los recitales ya no son solo para escuchar música, sino que también son una experiencia inmersiva en el mundo de la banda que elijas ver.
La lista tuvo 18 canciones y recorrió su trayectoria, intercalando homenajes a grandes del rock, invitados de lujo y las nuevas canciones. Con un look más formal, volvieron al show para interpretar "Ir derecho", "Circunvalación" y "Bossa & People". "Un espectáculo enorme en nuestro barrio, Villa Crespo. Presentando un gran disco", exclamó Julián.
La primera sorpresa de la noche fue una amiga de la casa: Zoe Gotusso, para interpretar "Carta para no llorar", a quien los presentes abrazaron desde cada rincón del Arena.
Cuando todavía faltaba más de la mitad del show, algunos integrantes de la banda (Barone, Benja, Tuni y Santi) se trasladaron a un mini escenario en el centro del campo para deleitar a los presentes con "Loquero viejo", "Pléyades" y "Paraiso de los perros". Ese fue uno de los momentos más íntimos de una noche que contó con la dosis de improvisación y teatralidad que los caracteriza.
Minutos después, desembarcaron nuevamente en el escenario principal para homenajear al Indio Solari con un instrumental de "Todo un palo" de Los Redondos. El público se fundió en una sola voz para homenajear a uno de los grandes músicos del rock argentino.
Sin dudas, uno de los momentos más emocionantes fue gracias a Abel Pintos, quien subió al escenario para interpretar "La Máquina" junto a la banda, para luego cantar "Cactus", de Gustavo Cerati, a dos días de la fecha en la que el músico hubiera cumplido 67 años.
"Díganselo", "De tanto en cuanto", "Parque acuático" y "En Avenidas" ocuparon los últimos lugares de la lista. "El gusto total y el privilegio que nos da esta profesión de tocar estas canciones y con amigos. Así que siempre El Kuelgue celebrando. Gracias por haber venido", agradeció Julián.
También se tomaron unos minutos para improvisar una versión de "Spaghetti del rock", de Divididos. Pero cuando parecía que no quedaban sorpresas, llegó el momento de "Monkey", con un despliegue de bailarines caracterizados como el animal que le da nombre a la canción y, en escena, Piti Fernández, a quien la banda invitó para rendir homenaje a Sumo con "La rubia tarada" y "Los viejos vinagres". Sí, todavía quedaban homenajes por realizar.
"Avenida" y "La curva" cerraron la noche. El Kuelgue convirtió el Movistar Arena en un gran escenario de juegos, música y encuentros. Entre canciones propias, improvisaciones, amigos y homenajes, la banda llevó al escenario el espíritu de Díscolo. Así, volvió a demostrar que, después de tantos años de trayectoria, todavía puede jugar como en sus comienzos.
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