Por Sofía Llamedo.
En una noche húmeda y algo lluviosa, Bersuit Vergarabat cerró los festejos por los 25 años de Hijos del Culo en el Arena de Villa Crespo. Fue una celebración atravesada por la música, los amigos, la memoria y, sobre todo, la política. Porque si algo dejó en claro la banda es que el paso del tiempo no le quitó las ganas de festejar, pero tampoco la voluntad de tomar posición frente a la realidad.
A las 21:15, las luces se apagaron. Dos hombres vestidos de negro ingresaron para tocar los bombos ubicados en cada extremo del escenario. “La vida boba” abrió el show con los músicos en pijama y máscaras de palomas. Mientras tanto, sobre la tarima ubicada detrás del escenario, los bailarines comenzaron a darle movimiento a cada canción. Le siguieron “El gordo motoneta” y “La del toro”, como para anticipar que sería una fiesta larga e intensa.
Javier Casalla y su violín fueron invitados para interpretar “Canción de Juan”. Minutos después, los acordes de “Toco y me voy” erizaron la piel de los presentes. Todos sabían lo que se venía: el homenaje al Diego y, ahora también, a Messi. El público reaccionó automáticamente con cantitos como "Olé, olé, olé, Diego, Diego", que desembocaron en el clásico "El que no salta es un inglés".
Un amigo de la gran familia de Bersuit es Cucuza Castiello, quien subió para cantar “Porteño de ley” y “Grasún”. Después de un breve momento íntimo con “La soledad”, la cumbia llegó de la mano de La Delio Valdez. "¿Les gusta la joda?", preguntaron desde la banda antes de interpretar “Yo tomo” y “El cumbión”.
La celebración también tuvo lugar para la memoria. Proyectaron un video por los 25 años de Hijos del Culo y los músicos volvieron a escena, esta vez en la punta de la pasarela, para interpretar “El tiempo no para”, “Cuatro vientos” y “Al olor del hogar”. Esta última llegó con un dejo de nostalgia que conmovió a todo el Arena.
La política tuvo uno de sus momentos más significativos con “Vuelos”, dedicada a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. La canción se transformó en un espacio de memoria colectiva donde corearon "El que no salta es militar". No fue un hecho aislado: la defensa de los derechos humanos y la memoria atravesaron todo el recital.
La lista estuvo llena de festejos y amigos. Lisandro Aristimuño subió para interpretar “Veneno de humanidad”, mientras que el inigualable Lito Vitale acompañó a la banda en “El viento trae una copla”, en medio de una ovación que no paraba de crecer.
“A la Patria hay que defenderla en cada lugar, en el trabajo, en la casa, en el almacén, en las montañas y los ríos. Porque esta gente destruye todo lo que toca, hay que poner mucho huevo y coraje para defender la patria”, expresó Dani Suárez desde el escenario. Básicamente, puso en palabras algo que ya se venía sintiendo entre las canciones: la preocupación por el presente, la defensa de lo colectivo y la necesidad de no permanecer indiferentes.
“El viejo de arriba”, “Sr. Cobranza” y “Se viene” sonaron al hilo y desataron los pogos más grandes de la noche. Tres temas que, lejos de perder vigencia, suenan más actuales que nunca. El público respondió con la misma intensidad con la que acompañó cada estribillo.
En los últimos tramos de la lista, “La argentinidad al palo” tuvo un momento especial con la participación de Lázaro Caballero y, nuevamente, Lito. Una canción que habla de nuestras contradicciones, costumbres, orgullos y miserias. Con “La bolsa” simularon un falso final, aunque cualquier fanático sabía que todavía quedaban hits por tocar.
Volvieron a escena para cantarle el feliz cumpleaños a Juan Subirá, con una gran torta. Luego, “Es importante” y “Negra murguera” contaron con la presencia de Baila la Chola, una murga integrada exclusivamente por mujeres que sumó todavía más color y baile a la noche.
Más allá de la cantidad de canciones y de los invitados, hubo otro protagonista fundamental: el público. Familias, grupos de amigos y distintas generaciones se encontraron en el Arena. Para muchos de los mayores de 30, ver a Bersuit significó volver a la adolescencia, a la juventud, a los primeros recitales y a esos momentos que quedaron asociados para siempre a una canción.
“Para seguir como hace 38 años honrando el pijama arriba del escenario”, expresaron antes del cierre con “Un pacto para vivir”. Y si hay algo que existe entre Bersuit y su gente es justamente eso: un pacto de por vida. Un vínculo que se renueva en cada recital. Entre pijamas, bombos, abrazos y consignas, Bersuit cerró una celebración que tuvo mucho de fiesta, pero también de memoria, identidad y compromiso. Después de 38 años, la banda demostró que, mientras haya canciones que incomoden, derechos que defender y un público dispuesto a aguantar, el pacto seguirá vigente.
ph: Facu Suarez
cobertura audiovisual: Valentina López Suriano







